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2018-09-13T12:32:06-03:00 13 septiembre, 2018 | 12:32 hrsPublicado porClaudia Garrido

Así luciría el rostro humano en 100 mil años más según científicos

Ilustración Néstor Canavarro
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Ilustración Néstor Canavarro

La evaluación de la humanidad y el cambio ddel rostro ha ido evolucionando con el paso de los años, ya que el Australopithecus anamensis, que vivió hace 4,1 millones de años, tenía unas cejas prominentes y mandíbula muy parecida a los simios.

Mientras que el Homo neanderthalensis, que existió hace 230 mil años, poseía un cráneo alargado y robusto, consignó BioBioChile.

Pero el rostro humano continuará cambiando, tal como lo aseguró Penny Spikins, arqueóloga paleolítica de la Universidad de York al diario Clarín: “Se transformó de un rostro más intimidante, que era una ventaja para competir, a otro que era conveniente para llevarse bien con los semejantes”.

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Por otro lado, el genetista Adam Wilkins, autor de Making Faces. The Evolutionary Origins of the Human Face, aseguró que “en términos faciales, somos el animal más expresivo de la Tierra, capaces de recrear alrededor de 50 gestos”.

Agregó que “eso ocurre porque tenemos un conjunto completo de músculos, los miméticos, que sólo se encuentran en los mamíferos. Por eso, otros vertebrados (un caballo o un perro) no son expresivos facialmente: carecen de la capacidad total de mover su piel sobre sus caras”.

Australopithecus anamensis| Ilustración de Néstor Canavarro

Australopithecus anamensis| Ilustración de Néstor Canavarro

Pero los cambios no son al azar, sino que están asociados al tamaño del cerebro “y relacionado con la evolución del propio cerebro, que permitió que tengamos más posibilidades expresivas, básicamente porque somos seres sociales y cooperativos y necesitamos esas características“.

Homo neanderthalensis | Ilustración de Néstor Canavarro.

Homo neanderthalensis | Ilustración de Néstor Canavarro.

En tanto, Scott Solomon, profesor del Departamemento de Biociencias de la Universidad de Rice, en Texas, y autor de Futuros humanos: en la ciencia de nuestra continua evolución, señaló que “nuestras caras han cambiado bastante desde el ancestro común que compartimos con los chimpancés hace unos 6 a 7 millones de años. Los principales cambios incluyen una cresta de la frente reducida, frente aplanada, bozal y mentón menos pronunciados”.

Por otra parte, Erik Trinkaus, profesor del Departamento de Antropología de la Universidad de Washington, aseguró que la forma básica del rostro surgió hace aproximadamente dos millones de años exhibiendo un notorio cambio ya que se han ido acortando las facciones de manera gradual.

“Si nuestro cráneo continúa evolucionando, lo previsible sería que continuase con esa juvenilización en las proporciones craneales, lo que llevaría a una cara más reducida, con órbitas oculares proporcionalmente mayores, un mentón de menores dimensiones y una bóveda craneal más globular y desarrollada, explicó Paul Palmqvist, catedrático de Paleontología del Departamento de Ecología y Geología, de la Universidad de Málaga.

Otro de los cambios que se ha visto es que los individuos ya no tienen ni el espacio para el tercer molar o muela del juicio y en muchos esta ni siquiera aparece, debido a la reducción de la mandíbula.

En ese sentido, Palmqvist asegura que “para que continúe una evolución del rostro en el sentido que hablamos (neurocráneos más desarrollados y caras más pequeñas) sería necesario un cambio en la pelvis femenina, cuyo canal de parto es ya demasiado angosto (de ahí que nuestros bebés nazcan prematuros, debiendo madurar postnatalmente, lo cual impone sus límites: no puede nacer un niño tan prematuro que no tenga capacidad para la digestión o la respiración autónoma)”.

Sobre lo mismo, Antonio Rosas, profesor e investigador del Departamento de Paleobiología del Museo Natural de Ciencias del CSIC, de Madrid aclaró que “desde un punto de vista esquelético, posiblemente la reducción de la mandíbula seguirá sucediendo, como desde hace dos millones de años. Eso cambiará el aspecto, en unos más y en otros menos, lo que contribuirá a una mayor variabilidad entre los humanos y, de ese modo, a más posibilidades de individualización”.

A continuación una imagen de cómo se verían los humanos con la evolución del rostro dentro de 100 mil años más.

Ilustración de Néstor Canavarro

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