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Transgénero ha gastado millones en cirugías para lograr la “perfección” de su cuerpo

…love Maegan (cc) | Flickr

Una mujer transgénero ha gastado cerca de 52 millones de pesos chilenos en cirugías plásticas y asegura que no va a detenerse hasta lograr la perfección.

Fulvia Pellegrino, oriunda de Italia, se ha rellenado los labios y los pómulos más de 150 veces, se ha hecho dos liposucciones, y cuatro implantes de senos, y cuenta, incluso, con el apoyo de su esposa.

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La mujer de 56 años está planeando más cirugías para así lograr la perfección en su rostro y cuerpo, la que se traduciría en parecerse lo más posible a Allanah Starr, un actriz transgénero de cine triple X. “La cirugía plástica no es una droga pero es algo que la gente como yo necesita. No soy feliz con mi cuerpo “perfecto” porque no es perfecto. La perfección es algo más“, señala convencida Fulvia al medio inglés The Sun.

Fulvia Pellegrino | The Sun

Fulvia Pellegrino | The Sun

Cabe señalar que la esposa de Fulvia, Marisa Altare, sigue al lado de su marido a pesar del hecho de que ahora lucen más como hermanas que como matrimonio.

Boda entre Fulvia (como hombre) y Marisa |The Sun

Boda entre Fulvia (como hombre) y Marisa |The Sun

Fulvia y Marisa | The Sun

Fulvia y Marisa | The Sun

Pellegrino tenía apenas 15 años cuando se dio cuenta por primera vez que era transgénero, pero decidió reprimir esa noción pues pertenecía a una familia muy conservadora y religiosa. “Nunca manifesté mi voluntad porque era imposible con mi papá. El tenía tres hijos y quería solo tres hijos“, agrega la mujer.

También ocultó su sentir de Marisa, a quien conoció hace 32 años atrás, sin embargo, continuaba vistiéndose como mujer en privado y visitaba regularmente clubes gays. “Me sentía atrapada en mi cuerpo. Es difícil crecer con un cuerpo que no sientes como tuyo“, recuerda.

Fulvia Pellegrino | The Sun

Fulvia Pellegrino | The Sun

Asegura que se ocultaba en el garage de su casa y allí se vestía y maquillaba como mujer, y que nunca mostró ese lado porque le avergonzaba. Tan así que decidió ocultar su verdadera personalidad exagerando su masculinidad en público y comprando armas y autos lujosos.

Hace 16 años que Fulvia decidió aceptar su realidad y se lo confesó a Marisa. Asegura que al comienzo no fue nada fácil de aceptar pero actualmente señala que su vida es como la de dos hermanas. “Vivimos juntos, discutimos como dos personas normales pero no como marido y mujer“, agrega.

Así, Fulvia comenzó a recibir terapia hormonal y empezó con el tema de las cirugías mientras Marisa visitaba a una psicólogo que la ayudara para lidiar con la nueva realidad de su compañero de vida.

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Los padres de Pellegrino, en tanto, reaccionaron de una manera totalmente opuesta, pues condenaron su actuar e intentaron convencer varias veces a Marisa de que firmara un papel para enviarlo a una institución psiquiátrica para cambiar su mente.

Fue muy difícil, cuando mi padre falleció, no nos dejaron ir al funeral porque se avergonzaban de nosotros. Las únicas personas que me aceptaron fueron mis hermanos“, comenta.

Los habitantes de la localidad donde viven, Peveragno, también le dieron la espalda, e incluso llaman “el payaso de Peveragno”. “Ellos me apuntan, hablan de mí, inventan historias sobre mí, que soy una prostituta. Mis amigos desaparecieron, no me aceptaron. No podría estar sin María ni hacer lo que hago sin ella. Ella está siempre aquí conmigo“, confiesa.

A pesar de que la familia y amigos desaparecieron, Fulvia estaba convencida en alcanzar su extremo nuevo look. En 2004 se hizo una rinoplastía, un implante de senos y una lifting facial. Luego, le siguieron tres aumentos más de senos, una liposucción, varias inyecciones en sus labios y mejillas, y un levantamiento de trasero que le costó sobre 20 millones de pesos.

Fulvia en sus primeras intervenciones | The Sun

Fulvia en sus primeras intervenciones | The Sun

Cabe destacar que Fulvia ha tenido uno que otro problema para pagar sus costosos procedimientos, y se vio forzada a vender sus autos, armas y una casa en Francia. La pareja ahora sobrevive gracias al pequeño salario de Marisa, que trabaja como terapeuta holística.

A pesar de sus dificultades, Fulvia está desesperada por volver a operarse. “No soy feliz con mi rostro y otras partes de mi cuerpo. No voy a parar aquí, quiero ir más allá porque no es perfecto. Si puedo alcanzar la perfección quizá me detenga“, remata.